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FIDUCIA* y su cruzada en contra de la Democracia Cristiana. Chile 1962-1967

FIDUCIA and their crusade against the Christian Democracy. Chile, 1962-1967

Luis Eduardo González Navarro[**]

 

 

Recibido: 23 de febrero de 2012
Aprobado: 12 de abril de 2012

RESUMEN:
Se analiza el surgimiento y desarrollo de Fiducia hacia mediados de la década de los sesenta, organización que aglutina a capas medias altas de la clase dominante chilena vinculadas al mundo universitario, tributarias doctrinariamente del conservadurismo antiliberal tradicionalista. Desde esta posición ideológica, Fiducia impulsó una lucha cultural-ideológica en contra de los sectores católicos progresistas, acusados de ser ‘punta de lanza del socialismo marxista’.

PALABRAS CLAVE:
Conservadurismo antiliberal - Democracia Cristiana - tradicionalismo - anti marxismo.



ABSTRACT:
It is analyzed the emergence and development of Fiducia in the mid 60s, organization that unifies upper-middle groups of the ruling class in Chile which are linked to the university world, doctrinally tributary of the traditionalist anti- liberal conservatism. According to this ideological position, Fiducia promoted a cultural-ideological fight against de progressive Catholics sectors, accused of being the “launching point of the Marxist socialism” emergence.

KEYWORDS:
anti-liberal conservatism - Christian Democracy - traditionalism - anti-marxism.

Se podría decir que una de las características que evidencian los albores de la década de los sesenta del siglo XX chileno, fue que las profundas desigualdades económicas y sociales existentes en el país se presentaron del todo innegables ante los ojos de cualquier analista (Ahumada, 1964). Estas extremas desigualdades pasaron a ser entendidas, por amplios sectores sociales, como el resultado de la caducidad de las estructuras que persistían en el país, de ahí que surgieran distintos proyectos cuyos propósitos fueron precisamente, revertir tal situación.          

Entre estos proyectos podemos encontrar el postulado por la Democracia Cristiana[1] (DC) (Corvalán, 2001). Ésta al impulsar como ejes programáticos, entre otros, la Reforma Agraria y la Sindicalización Campesina, vino a minar la base del poder político de la derecha histórica, particularmente del Partido Conservador el que, por lo demás, había perdido el monopolio de la representación del campo católico en manos, precisamente, de la DC[2] (Correa, 1991).

Si a lo anterior se agrega el auge de los sujetos populares (pobladores, campesinos y la clase obrera) y el ethos cultural revolucionario del período, es posible comprender no tan sólo la crisis hegemónica por la cual atraviesa la derecha hacia mediados de los años sesenta, sino también el consecuente proceso de reordenamiento de las fuerzas políticas asociadas a ella que le siguió.

La decisión del Partido Conservador de autodisolverse para dar vida, junto al Partido Liberal y sectores nacionalistas, al Partido Nacional, no significó que no hubiese católicos de derecha. Estos, o bien se sumarían a la naciente colectividad, o bien buscarían un espacio junto a católicos integristas y gremialistas, los cuales si hasta ese momento habían sido marginales en la derecha, comenzarían a adquirir un creciente apoyo entre la juventud católica de la elite y de las capas medias (Correa,  1991, p. 148).

Pues bien, el presente artículo busca indagar en el proceso de reconfiguración de las fuerzas sociales existentes al interior de la clase dominante hacia la década de los 60’. Proceso que tuvo como propósito hacer frente a las transformaciones estructurales conducidas tanto por la DC como, más tarde, por la izquierda marxista. Particularmente, me propongo analizar el surgimiento y desarrollo de una nueva organización de derecha, situada fuera del sistema de partidos, y que estuvo ligada a los segmentos católicos más conservadores o reaccionarios, nos referimos a Fiducia, colectividad  que más tarde dará vida a la Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP).

Las tesis que al respecto quisiera argumentar son las siguientes: a) Fiducia se constituyó como una organización cívico cultural que hizo suyo, con énfasis inusitado, el ideologismo conservador antiliberal en su vertiente tradicionalista, propio de la extrema derecha europea, b) a partir de la matriz conceptual proporcionada por el tradicionalismo, Fiducia interpretó los procesos políticos chilenos de mediados de los años sesenta, adecuando, evidentemente, los hechos nacionales a dicho esquema; c) la particularidad de Fiducia para hacer frente a las transformaciones estructurales impulsadas por el gobierno de Eduardo Frei Montalva, particularmente la Reforma Agraria que cuestionaba el derecho de propiedad, radicó en someter a critica, desde su ideologismo, al régimen democrático liberal y, dentro de este, identificar a la DC como el ‘mayor peligro’ para el avance del comunismo por cuanto representaba a los “católicos dominados por el espíritu revolucionario” quienes eran, a su juicio, el enemigo no declarado de la Iglesia Católica, de ahí que d) la tarea privativa, o el campo especifico de Fiducia, fuese contribuir a una ‘lucha ideológica’ que develara el real peligro de esta fuerza política.

Para argumentar lo sostenido, en primer lugar estableceré sucintamente las características del conservadurismo antiliberal tradicionalista. Tal cuestión se hace necesaria para poner de manifiesto en qué medida Fiducia es tributaria de esta corriente ideológica. Luego analizaré brevemente los antecedentes históricos de esta agrupación, para finalmente, examinar  su comportamiento ante la DC.

I. El esquema teórico interpretativo del tradicionalismo

Lo primero que hay que señalar con respecto al tradicionalismo es que este surgió en Europa hacia la segunda mitad del sigo XVIII, particularmente, luego de la Revolución Francesa de 1789, hito ante el cual se constituyó. 

Lo típico de este ideologismo radica en postular una lectura de la tensión tradición-modernidad desde un punto de vista teológico (Corvalán, 2003), es decir, conceptualiza este conflicto como el enfrentamiento decisivo entre dos fuerzas polares. De una parte ‘el bien’ representado en dios, y de otra, ‘el mal’, expresado en el demonio, de quien la modernidad y todos sus componentes serían sus expresiones.

La tesis fundamental del tradicionalismo sostiene que existe un orden natural querido por dios, el cual habría tenido su expresión en el orden tradicional medieval. Tal orden se articularía en torno a la estructura espiritual cristiana, la cual vendría a entregarle su identidad y consistencia.

La característica de dicho orden natural en el plano social radica en la existencia de jerarquías sociales, es decir, la desigualdad sería natural. En este esquema, como es evidente, la sociedad es concebida como un sistema de obediencia de las clases inferiores a las superiores, en donde todo intento de igualdad, como lo postulara el liberalismo o el comunismo, no sería más que un atentado en contra del orden natural, el que, no esta de más decir, también estaría constituido por la existencia de la propiedad privada.
Al existir una estructuración jerárquica de la sociedad, sostiene el tradicionalismo, también  el orden político se ordena de aquella manera.  Tal cosa se materializaría en gobiernos de elites, es decir, de minorías.

Desde el punto de vista cultural, el orden natural equivale a una identidad de la nación asociada a las tradiciones forjadas a lo largo de la historia. La cultura, por tanto, está sometida a un control religioso, mientras que la tradición no solo se enmarcaría al plano cultural sino también al político, es más, ella sería el elemento catalizador de todo cambio toda vez que éste último no pueda sustentarse en proyectos racionales elaborados por intelectuales, si así fuese, afirma el tradicionalismo, ello no constituiría más que un intento artificial por violentar el orden natural.

Ahora bien, como se infiere, esta corriente antiliberal  aborrece el pensamiento típico de la modernidad, es decir, racionalista, constructivista y utopista. Como se ha dicho, el tradicionalismo no cree en ello, al contrario, se identifica con la existencia de un orden natural frente al cual no habría opción. Para los tradicionalistas, el racionalismo  representa un pensamiento abstracto desligado de la tradición el cual conduciría a un constructivismo  disolvente del orden natural, es decir, sería portador del caos y la anarquía (Corvalán, 2003).

Las ideas racionalistas, por obra de los intelectuales, se infiltrarían en la sociedad erosionando progresivamente su esencia espiritual. Tal cosa sembraría el desconcierto y el desorden, cuestión que prefiguraría la disolución del orden natural. En el plano político este proceso se manifestaría en el advenimiento del liberalismo, la democracia y el socialismo, doctrinas que se abrirían paso por medio de grandes revoluciones, cuyos iconos casi siempre son la Revolución Francesa y la Revolución Rusa.
¿Qué hacer ante el proceso inminente de disolución del orden natural? Sólo cabría frenar y revertir dicho proceso. Se entraría así en un momento decisivo por cuanto  habría que impulsar una decisión salvadora cuyo objetivo sea reimponer el orden natural querido por la voluntad de dios. Decisión que, de hecho, resuelve el enfrentamiento entre las fuerzas ‘del mal’ –racionalismo, intelectuales, comunistas, etc- y las ‘del bien’, -católicos tradicionalistas-.

Por último, cabe agregar que varios teóricos tradicionalistas (Donoso Cortés, Vázquez de Mella) ven en los militares la única fuerza capaz de materializar la ‘decisión salvadora’.

Esta es, grosso modo, la matriz conceptual del conservadurismo antiliberal tradicionalista elaborada por intelectuales como Agustín Barruel, Joseph De Maistre, Bonal, Juan Donoso Cortés y Vázquez de Mella.   Fiducia es tributaria de esta doctrina como a continuación lo constataremos.

II. Coordenadas históricas de los orígenes de FIDUCIA-TFP

En septiembre de 1962 un grupo de jóvenes estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Santiago, representantes de capas medias altas, inspirándose en la doctrina tradicional de la Iglesia Católica fundan, y se aglutinan, alrededor de la Revista FIDUCIA (en latín: “confianza”).(Ramírez Necochea, 2005, p. 145) (Muñoz, 1995, p. 145) Estos, más tarde, el 28 de abril de 1967, darán origen a la Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) (Correa de Oliveira, 1990)[3], la cual pasa a formar parte del ‘circuito internacional’ de las TFPs fundadas en Brasil.

El objetivo de esta nueva colectividad de derecha (González, 2007) era “promover una verdadera cruzada contra las formas de comunismo y colectivismo –entre los que se incluía a la Democracia Cristiana y a un importante número de miembros del clero católico- a fin de proteger la propiedad y ciertos valores que juzgaban ligados a lo más esencial de las tradiciones chilenas y cristianas” (Ramírez Necochea, 2005, p. 145). Para tales efectos, Fiducia se sustentó doctrinariamente en el tradicionalismo europeo.

III. El ideoligismo conservador antiliberal tradicionalista en FIDUCIA

Lo particular de la recepción del tradicionalismo por parte de Fiducia radicó en que tal proceso se verificó a través de la obra del intelectual brasileño Plinio Correa de Oliveira, quien con su obra, “Revolución y Contra-Revolución” de carácter profundamente contrarrevolucionaria, pasó a inspirar a esta organización[4].
El año 1967 Fiducia, ahora constituida como TFP, expuso al país sus principios orientadores. Allí reveló con toda claridad su entronque con el conservadurismo antiliberal. En efecto, dicha agrupación explicitó que deseaba “para Chile (una) sociedad orgánica”, estructurada “conforme al orden natural de las cosas” y “constituida por clases sociales distintas y jerarquizadas”, basadas en la “tradición” y en el “principio de subsidiariedad” (El Mercurio, 5 de mayo de 1967).

Constatando que el cuadro político nacional de la década de los 60´ se definía por el deseo de impulsar reformas que tendían a avanzar en una igualdad política, económica y social, la TFP salió al paso afirmando que tales aspiraciones no descansaban en un problema estructural de la sociedad, sino que más bien evidenciaban, con toda claridad,  que Chile estaba “en vías de la Revolución”. “Nuestro país, sostuvo, ciertamente no ha estado al margen del largo proceso histórico al fin del cual se encuentra nuestra época, proceso histórico marcado por la progresiva descristianización del mundo occidental que viene desenvolviéndose desde los tiempos remotos del Renacimiento y la seudo-reforma protestante” (Fiducia, 1964, N° 10, p. 4).

Más aún, Chile estaría ad portas de “la tercera etapa de la Revolución; el comunismo”, el cual habría sido introducido por “cenáculos de intelectuales” que “vinieron muchas veces desde organismos, presiones o personajes extranjeros” (Fiducia, 1964, N° 10, p. 4). Como es evidente, Fiducia asumiendo las formulaciones del pensamiento reaccionario de Agustín Barruel, desplegaba una radical crítica a los intelectuales quienes serían difusores de ‘ideas disolventes’.  

A juicio de Fiducia, el “transcurso revolucionario” en Chile, buscaría omitir “las enseñanzas del Supremo Magisterio de la Santa Madre Iglesia” y trataría de “sustituir el orden natural de las cosas” (Fiducia, 1963, p. 3). Tal trastocación en particular, se evidenciaría en la introducción del “igualitarismo”, el cual pretendería “arrasar con las jerarquías y con las tradiciones”. “Ante  diversidad y la desigualdad que la sabiduría de Dios ha querido implantar en lo creado para representar y manifestar más adecuadamente su bondad y perfección, –sostenía Fiducia- se levanta la Revolución con el principio inverso de igualitarismo como norma ideal de toda creación” (Fiducia, 1963, p., 4). 
Para Fiducia, los revolucionarios de los 60´ debían recordar que “siendo los hombres desiguales entre sí, naturalmente sus desigualdades se proyectarán en la sociedad humana, en las distintas clases sociales...En el orden social, agregaba, debía respetarse esa natural desigualdad...que existe porque Dios así lo ha dispuesto” (Fiducia, 1963, p. 5). En definitiva, las aspiraciones igualitarias, lejos de sustentarse en la justicia constituían, para Fiducia, un antivalor “intrínsecamente perverso” y “fundamentalmente anti-cristiano”.

El cuestionamiento de los principios consagrados por dios, por parte de la Revolución, hacían ver a Fiducia la llegada de “momentos decisivos de la historia” definidos por la necesidad de desencadenar una “Contra-revolución total y ordenadora que...hiciese posible que en el ser humano y su organización social gobiernen los principios orgánicos del orden católico”. Restaurándose a sí “las distintas funciones y jerarquías armónicas de la comunidad social, la vida cristiana autentica” (Fiducia, 1963, p. 2.).
Como es evidente, al igual que para Joseph De Maistre, la Contrarrevolución para Fiducia era la “restauración e instauración de la cultura y de la civilización católica” “de esa cultura y civilización” “de devota obediencia a la Santa Madre Iglesia” (Fiducia, 1963, N° 9, p. 19).  La llegada de aquellos “momentos decisivos de la historia”, exigían además, “una actitud teórica y prácticamente anticomunista”[5]. Tal será la tarea en la que se embarcará Fiducia.

IV. La Democracia Cristiana al servicio del mal absoluto

1. Las elecciones de 1964: la DC “punta de lanza del comunismo”

En vistas a las elecciones presidenciales del año 1964, Fiducia asumió una dura posición con respecto a la DC. Quizás en ello no había más que la ‘fiel obediencia’ a los planteamientos de Plinio Correa de Oliveira, quien advirtiera del peligro de los “católicos revolucionarios”, cuando señalara que “entre (las) fuerzas de la Revolución no se debe omitir a los católicos que profesan la doctrina de la Iglesia pero que están dominados por el espíritu revolucionario –y que son- mil veces más peligrosos que los enemigos declarados (pues) combaten a la Ciudad Santa dentro de sus propios muros” (Correa de Oliveira, 1992, p. 62). Y agregaba: “admitir una colaboración omnímoda y estable con personas infectadas de cualquier influencia de la Revolución es la más flagrante de las imprudencias y tal vez la causa de la mayor parte de los fracasos contra-revolucionarios”.

Los “católicos revolucionarios” encarnados en la DC chilena, fueron objeto de fuertes críticas por parte de Fiducia. En efecto, se les acusó de ser “punta de lanza del comunismo” y de su materialismo, causa de la decadencia del orden cristiano. No reconocer tal cosa, sostenía Fiducia, “es no ver que el problema –de la sociedad contemporánea- está en el interior del hombre, en su alma, en su fe, en su moral” (Fiducia, 1964. p. 5), es decir, no en una base material. Ello no debía olvidarse, añadía, “so pretexto de una lucha “más positiva” contra el marxismo”.

Con el transcurrir del tiempo, la crítica de Fiducia a la DC se radicalizó. Se imputó al “maritainismo” ser una “tercera posición”, “agente en la formación de –una- mentalidad potencialmente marxista en los católicos”. El “maritainismo”, enfatizaba Fiducia,

“no es otra cosa que la tendencia pro-marxista llevada a nivel de la ideología; y que por lo tanto, se identifica con esas actitudes de adaptación, de conciliación, de mutua colaboración con el marxismo...; es una tendencia ideológica de lenta y sutil socialización, pues lleva a la comunicación teórica con principios marxistas. Esto lo vemos frente al derecho de propiedad privada y frente a la concepción igualitaria de la sociedad” (Fiducia, 1964. p. 4).

Así las cosas, los comicios del año 1964 no representaban para Fiducia la disyuntiva entre ‘revolución en libertad’ o ‘revolución socialista’; ni tampoco la posibilidad de frenar el marxismo optando por el ‘mal menor’. Las elecciones en curso evidenciaban que Chile estaba “en vías de la Revolución”. “Sí alguna enseñanza fundamental queremos obtener del acto electoral... –sostenía Fiducia- deberá ser la constatación de que nuestra nación ha sido…precipitada por el camino de la Revolución”. Y se preguntaba: “¿por qué absurdo, por qué traición, por qué caída, Chile ha llegado a vivir lo de hoy...1964? ¿por qué esta nación católica ha sido llevada a olvidar su destino hasta querer hacerse pragmática e indiferente?” (Fiducia, 1964, p. 4).

Detrás de esta singular lectura del cuadro político electoral se escondía un planteamiento que no hacía más que reiterar la tesis tradicionalista que sostenía que el régimen democrático liberal le pavimentaba el camino al comunismo. Con ello ciertamente se desahuciaba el régimen político chileno, develándose así el carácter profundamente contrarrevolucionario de esta vertiente de la derecha.

2. Fiducia frente al gobierno de la DC: una cruzada por la defensa del derecho de propiedad

El ascenso de Eduardo Frei Montalva a la Presidencia de la República el año 1964, marcó el inicio de una férrea defensa del derecho de propiedad por parte de Fiducia. Se podría sostener incluso que la irrestricta posición de ésta organización frente a dicho derecho y ante la Reforma Agraria, fue lo que definió a esta organización en esos años.

A sólo meses del triunfo de Frei Montalva, Fiducia abordaba el tema del “derecho de propiedad y de la tercera posición”. Entonces planteó que “el igualitarismo revolucionario...parec(e) haber elegido a la propiedad como el objetivo predilecto de sus ataques -objetivo no sólo preferido por los “revolucionarios virulentos”-...sino también (por) aquellos otros que pretenden constituir una “tercera posición” frente al problema”. Lo que desconocen estos “terceristas”, agregaba Fiducia, es que “la oposición entre socialismo y la doctrina de la Iglesia es total, absoluta e irreconciliable. No caben, lógicamente, caminos intermedios. Pero en el proceso revolucionario –agregaba- se sigue más a las pasiones que a la lógica, y nunca faltan quienes, contaminados por el virus de la Revolución y sin atreverse a romper formalmente con la Iglesia, pretenden encontrar una vía de encuentro...una “tercera posición”” (Fiducia, 1964, N° 13, p. 4). Este era el caso de la DC.

Lo que desconocía gran parte de la ciudadanía, según el prisma fiduciano, era lo que escondía ésta “tercera posición”. A su juicio, el “socialismo igualitario” aspiraba a “asestar un golpe artero a los derechos más sagrados” pues al hablar de “reformas de estructura, de cogestión y coparticipación obligatorias y de redistribución”, pretendía “atacar el derecho de propiedad, sancionado por la ley de Dios” (Fiducia, 1964, Nº 13, p. 5).

Ante el proyecto de reforma constitucional al Artículo 10 Nº 10 presentado por la DC que modificaba el derecho de propiedad, -haciendo posible la Reforma Agraria- Jaime Guzmán señaló que dicho proyecto constituía, lisa y  llanamente,

“dejar el derecho de propiedad como concesión del Estado, que se da y se quita a quien a este le parezca...Y lo que es mucho más grave – añadía -  importa la violación de un principio básico de derecho natural y un camino abierto para la implantación concreta a espaldas de un pueblo cristiano, de un régimen socialista y totalitario” (Fiducia,  1964, N° 14, p. 9).

Como es posible apreciar en la cita transcrita, la defensa del derecho de propiedad por parte de Fiducia, mas que sostenerla desde una perspectiva de un bien económico o bajo el supuesto de que era la salvaguardia de los principios de “democracia y libertad”, como de alguna manera lo hacía la ‘derecha histórica’, lo hacía en el entendido de que su cuestionamiento implicaba revelarse contra un principio de orden natural, es decir, corroía un pilar de la civilización cristiana. Si el derecho de propiedad no era una concesión del Estado, mal podía éste violarlo.

El 15 de mayo de 1965 Fiducia decidió encarar públicamente a Eduardo Frei Montalva. En carta divulgada por El Mercurio[6] le planteó “gravísimas preguntas” que tenían como objeto que “represent(ara) su toma de actitud personal e intransferible, como hombre y principalmente como Jefe de Estado en tan importante materia”, es decir, en torno a la reforma constitucional impulsada por su gobierno. De aprobarse la reforma, decía Fiducia, no tan sólo se  “viola uno de los derechos emanados del orden natural instituido por Dios y que ninguna autoridad humana puede violar”, sino que además se ponía en “gran riesgo” “a la civilización cristiana”, pues quedaba en serio peligro la “libertad de culto”, “transformando así a Chile sin mayores dificultades en un Estado anticristiano, socialista o comunista” (El Mercurio, 15 de Mayo de 1965, p. 33).

Ante tan profundo problema, Fiducia afirmaba: “parece inexplicable que la referida enmienda constitucional... sea propuesta precisamente por el Jefe de Estado electo bajo el título de un partido político del cual se estaría en el derecho de esperar lo contrario, dado el rotulo de cristiano con que procura atraerse la simpatía y confianza de los chilenos”.

Para dilucidar la ambigüedad sobre si la DC sólo tenía el “rótulo de cristiano”, la agrupación solicitaba que el Presidente Frei respondiera las siguientes preguntas: “¿vuestra Excelencia considera que la propiedad privada es un fundamento de la civilización cristiana?; “¿vuestra Excelencia niega la conexión entre el derecho de propiedad y la libertad de culto... ?”; “¿ o vuestra Excelencia es indiferente a todo esto y desea realmente cueste lo que costare abrir barreras a la mutilación o incluso a la abolición de la propiedad privada?”.
Al mes siguiente, y no habiendo recibido respuesta por parte del Primer Mandatario, Fiducia sostuvo que el silencio del Ejecutivo permitía extraer importantes  conclusiones. La primera, que la organización había puesto el “dedo en la llaga, al mostrar (...) todo el servicio que la reforma constitucional del Sr. Frei prestaba al comunismo, y el peligro que de ahí provenía para la Iglesia de Chile”. Con esto, agregaba, “quedaba apuntada la posición paradojal de que un Presidente Demócrata Cristiano, esté buscando aprobar una reforma constitucional anti-cristiana (...) Él, demócrata cristiano, no actuó ni como demócrata ni como cristiano”.
La segunda conclusión que extraía Fiducia se refería a “la posición ambigua del PDC”.

“...Se hizo patente la ambigüedad de la posición seudo-centrista de este partido y a los ojos de muchos que no son “demócrata cristianos” se hizo claro que no es un deber de los católicos el ser “Demócrata Cristianos” y que ese deber consiste a veces en combatir actitudes del PDC. Esto quiebra el mito –subrayaba Fiducia- del papel salvador del PDC frente a la civilización cristiana en Chile, mito éste sin el cual no habría alcanzado sus mejores victorias. Con la quiebra de ese mito, pierde el avance comunista su punta de lanza” (Fiducia, 1965, p. 1).

Así, pues, el silencio del Presidente Eduardo Frei era para Fiducia en términos políticos tremendamente positivo puesto que ratificaba lo que la agrupación venía denunciando hacía por lo menos dos años. Esto es, que la DC era un “agente en la formación de esa mentalidad potencialmente marxista en los católicos”. Con ello ciertamente se ‘separaban las aguas’ entre los que por un lado defendían el bien absoluto y, por otro, los que se situaban como fuerzas del mal. De hecho, esta fue la conclusión a la que arribó formalmente Fiducia al afirmar categóricamente que con el silencio mantenido por el Presidente de la República se había desatado una “cristalización oportuna” y “beneficiosa”.

“Ya aparecen juntos, y en forma más clara, -decía- quienes cifran su esperanza en el paraíso utópico a que nos llevaría el “irreversible proceso de socialización”; frente a los cuales, añadía, cada vez se levantan más voces en defensa de los principios permanentes y fundamentales y de la civilización cristiana” (Fiducia, 1965, p. 4). 

2.1 “¿Es lícito a los católicos discordar del proyecto de Reforma Agraria del presidente Frei?” (Fiducia, 1966, N° 22, p. 8)

En marzo de 1966 Fiducia publicó un extenso documento titulado: “Manifiesto a la nación chilena sobre el proyecto de Reforma Agraria del Presidente Frei”. En él la agrupación cuestionó dicho proyecto. La tesis de fondo allí sostenida afirmaba, en consecuencia con el ideologismo tradicionalista, que el programa agro-reformista escondía un “transbordo ideológico inadvertido hacía el marxismo” (Fiducia, 1966, Nº 22, p. 2). Es decir, la Reforma impulsada por el gobierno democratacristiano no hacía más que facilitar la implementación subrepticia del comunismo en Chile.

Bajo dichos supuestos, Fiducia decidió “iniciar una campaña de (nótese) esclarecimiento ideológico contra las ideas del agro-reformismo izquierdista inspiradas por el actual gobierno. Este esclarecimiento, se afirmaba, es tanto más necesario por cuanto que el proyecto de Reforma Agraria está redactado con tal habilidad que mucho de lo que él tiene de injusto y funesto, puede pasar inadvertido” (Fiducia, 1966, Nº 22, p. 3). Se debían, por tanto, desentrañar los verdaderos principios que encubría el proyecto de Reforma Agraria; tal era la tarea auto asumida por Fiducia. Ello suponía admitir que la lucha ideológica en contra del progresismo católico era marginal, o bien, derechamente, inexistente, de ahí que Fiducia desplegara dramáticos esfuerzos por revertir tal situación.     

Según la lógica fiduciana, la Reforma Agraria al “mutilar el derecho de propiedad” entraba en contradicción y desacato con el “derecho emanado del orden natural instituido por Dios”. Por consiguiente, aquella más que conducir a una ruina económica, generaba “un estado de cosas antinatural y utópico”. “La mitigación o abolición de la propiedad privada –se afirmaba- lleva consigo la negación gradual de valores religiosos”. Este era el problema de fondo.

Junto con sostener que la modificación al derecho de propiedad implicaba atentar contra el orden natural, Fiducia afirmó que la Reforma Agraria perseguía el “mito de la igualdad completa”, lo cual constituía “el núcleo ideológico implícito en todo el proyecto” (Fiducia, 1966, Nº 22, p. 5). Con ello, agregaba, se pasa por alto que “la desigualdad proviene de la natural constitución de la sociedad, ya que esta se constituye por diversidad de clases sociales que generan diversidad de patrimonios, los que se expresan normalmente en el agro por una diversidad en el tamaño de las propiedades. Estas legitimas desigualdades –añadía- no contrarían el orden social…”.
Tras la Reforma Agraria se encubriría, en consecuencia, el concepto metafísico de la Revolución: el igualitarismo, el cual sería llevado a todas las esferas de la sociedad una vez aprobada la reforma. “Lesionado el principio de propiedad privada en el ámbito rural, -sostuvo Fiducia- luego lo será en el ámbito urbano e industrial” (Fiducia, 1966, Nº 22, p. 4).

He ahí la importancia de oponerse tenazmente a la Reforma Agraria. Aceptarla equivalía a destruir los valores del orden natural cristiano, como la desigualdad y el mismo derecho de propiedad entendido como un derecho divino. Por tanto, no cabía más que resistirla por la “defensa de la propiedad, la familia y la tradición” (Fiducia, 1964, N° 10, pp. 8-9).

Conclusión

Lo particular de Fiducia-TFP radicó en constituirse como una agrupación política marcada por un sello intelectual que se posesionó fuera del sistema de partidos y que hizo suyo, con énfasis inusitado, el conservadurismo antiliberal tradicionalista.

En efecto, fue desde esta perspectiva ideológica, de raíz europea, que esta colectividad pasó a descifrar los procesos políticos en curso y a orientar su conducta práctica. Su rol consistió en desplegar una lucha ideológica en contra de la Democracia Cristiana, entendida como la expresión política del progresismo católico. Al proceder de tal forma, el integrismo católico representado por Fiducia, dejó en una situación subalterna el esfuerzo por estructurar un movimiento de masas para enfrentar a la DC; por el contrario, sus energías se concentraron en denunciar el proceder de ésta en tanto lo que ella significaba para el avance del comunismo.

En consecuencia, Fiducia se esforzó por desentrañar lo que, a su juicio, era el mayor peligro para el desencadenamiento de la revolución socialista; “la comunicación teórica con principios marxistas” que conllevaba la matriz teórica de la DC; el maritainismo.  Dialogo que de alguna manera, al parecer, era visto como un logro del comunismo, toda vez que le permitía a éste cierto grado de incidencia en sectores sociales hasta entonces no alcanzados.

Por último, cabe insistir en que el desarrollo de esta organización se sitúa en el contexto de  reconfiguración de las fuerzas sociales identificadas con las clases dominantes, cuyo fin era  hacer frente a las fuerzas políticas que impulsaban cambios estructurales en el país.

Bibliografía

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  • Revista Fiducia, 1963-1965.
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[*] En este artículo nos referiremos de manera indiscriminada a Fiducia y a la TFP, es decir, las entenderemos como un todo, aunque en estricto rigor, como examinaremos, la TFP surge formalmente en 1967.
[**] Profesor de Enseñanza Media en Historia y Ciencias Sociales. Licenciado en Historia y Ciencias Sociales y Licenciado en Educación por la Universidad de Valparaíso.
[1] También figuran el de la izquierda y la derecha.
[2] A ello habría que agregar que EE.UU apoyó soluciones progresistas como las encarnadas en la DC con el fin de hacer frente a los desafíos impuestos por la Revolución Cubana.
[3] La Sociedad de Defensa de la Tradición Familia y Propiedad, autodefinida como el “mayor movimiento cívico-cultural anticomunista de inspiración católica del mundo”, es fundada en Brasil por Plinio Correa De Oliveira y de manera muy rauda tiene expresiones, entre otros países, en Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela, Perú, Estados Unidos, Colombia,  Ecuador, Portugal y España.
[4] Sobre este punto véase (González, 2007).
[5] Agregaba: “Son situaciones como estas  cuando las normas morales se conservan apenas convencionalmente en algunos pocos sectores sociales...(que) encarnan vital e ideológicamente aquellos principios que deben devolver a la sociedad desintegrada e incierta, la unidad, la coherencia, y la armonía” (Fiducia, 1963, Nº 9, p. 2).
[6] En dicha carta Fiducia se presentaba como “un grupo de jóvenes, casi todos universitarios. Reunidos en torno a la revista católica “FIDUCIA”. Teóricamente la carta se apoyaba, como ella misma lo señalaba, en los planteamientos de Plinio Correa de Oliveira.